Ya se ha escrito mucho sobre la belleza y la importancia de la guitarra en el mundo de la música. Algunos se podrían llegar a preguntar qué es lo que estos dos hermanos pueden aportar a este fascinante mundillo del que prácticamente está todo dicho. Tampoco es fácil para mi hacer examen de conciencia e intentar convencer a nadie de las razones por las que deban  comprar o sencillamente interesarse por nuestros instrumentos así que, tras haberme pasado varios días pensando cual es la forma más inteligente de abordar un texto convincente, he optado sencillamente por decir la verdad: se trata de la crónica de una obsesión. ¿Acaso conocen ustedes a alguien que pretenda hacer algo mejor que nadie y que no esté un poco loco? Yo tampoco, y quizás sea esa pequeña particularidad la que marque algún día la diferencia. Les pondré un ejemplo claro por el que podrán entender de lo que estoy hablando. Nuestros orígenes parten de los instrumentos de viento madera a los que nos hemos dedicado durante más de quince años, entre ellos la gaita irlandesa como artículo estrella. Algunos ya nos conocerán por esa faceta pero no todos saben hasta qué punto hemos sido capaces de desarrollar una habilidad para meternos en investigaciones y más líos y salir mas o menos airosos y hasta me atrevería a decir que ¨ por la puerta grande “ en alguna ocasión. Imaginen a tres chavales jóvenes por los mercadillos de Sevilla buscando obuses de la Guerra Civil sencillamente porque las medidas del tubo de latón del que estaban fabricados coincidían con unas medidas en pulgadas que necesitábamos para nuestros instrumentos. Con el paso del tiempo pensé que habíamos evolucionado a una mentalidad más conservadora y autosuficiente pero, como dice el refrán,¨ quien nace lechón.....¨ Esta forma de actuar es la que nos ha hecho siempre intentar ir un poco más allá y no conformarnos con lo que ya está establecido. Digamos que, a groso modo, tenemos un carácter inconformista y sí, por qué no decirlo, un poco obsesivo.

 

   ¨ Sólo quiero que me lo echen al suelo que del resto ya me ocuparé yo¨. Esta frase la pronunció mi hermano Carlos el día que se enteró de que habíamos conseguido por fin que nos dejaran talar unos cipreses españoles con más de cien años de un cementerio de un pueblo al norte de España. De esto tan sólo hace unas semanas y más de quince años después de la anécdota de los obuses y muchas otras más que ya os contaré en otra ocasión. Como veréis las cosas no han cambiado tanto y eso, hoy por hoy, me he dado cuenta de que es muy positivo si lo que pretendes es hacer las cosas todo lo perfectas que puedas. Se vende madera para guitarras en todo el mundo y en España hay muy buenos profesionales sirviendo ciprés de Italia en su mayoría y de otras nacionalidades pero nosotros queríamos conseguir el que tradicionalmente se utilizaba para la guitarra flamenca y ése nos lo tuvimos que trabajar un poquito más. Y así pasamos de los mercadillos a asaltar cementerios, siempre por supuesto con el permiso de las autoridades competentes.


   

        

 

El hecho de habernos dedicado a los instrumentos de viento durante una buena parte de nuestras vidas también lo veo como algo positivo pues en mi opinión nos permite ver con mucha más perspectiva lo que se busca en una guitarra, independientemente de lo que ya está totalmente establecido, así como el haber tenido que arañar de muchos oficios relacionados con éste para llegar a nuestras propias conclusiones y juicios de valor sin dejarnos influenciar en exceso por lo que ya existe. Es como quien pretende prepararse para la marathon haciendo también ejercicios de velocidad o incluso cogiendo la bicicleta o levantando pesas.

   El nexo común a todo esto es sin duda la pasión por la música. Nos hemos pasado la infancia escuchando a nuestro tío, Paco Peña, tocar la guitarra cada vez que venía de alguna gira o de algún concierto, ensayando día a día como hacen los que quieren llegar a ser los mejores. No hay otra fórmula ni ninguna varita mágica. La guitarra española ha corrido por nuestras venas desde que tengo uso de razón y quizás ahora es cuando empiezo a ser consciente de ello. Por esto y por muchas otras razones creemos que ha llegado el momento de devolverle a la guitarra el favor que nos hizo al envenenarnos con su melodía, rindiéndole el mejor homenaje que podemos brindarle mi hermano y yo que es fabricarlas lo mejor que podamos y que sepamos.


Jaime Aragón Peña

   

        

 

Paco Peña